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martes, 23 de abril de 2019

Julian Assange, héroe


Julian Assange, el último héroe, con la camiseta de la selección de fútbol de Ecuador
Cuando uno piensa en periodismo, generalmente se le vienen a la mente los grandes emporios de comunicación: The New York Times, Der Spiegel, The Guardian, El País, CNN, BBC, RT, etc.; es decir, gigantes empresas, con una gran facturación y un gran arsenal de recursos.

¿Qué se sentirá saber que una, sí, UNA SOLA PERSONA, hizo, en un solo acto, más periodismo que tantas empresas de comunicación juntas en un siglo?

Sí, Julian Assange, el carismático fundador del portal Wikileaks, publicó la filtración de documentos oficiales comprometedores más grande que haya existido. En esos documentos, pudimos darnos cuenta de un sinnúmero de crímenes cometidos en Irak y Afganistán (así como en muchas otras guerras), de cómo se mintió a la población sobre armas de destrucción masiva, asesinatos de civiles que se disfrazaron como “caídos bajo fuego enemigo”, etc. Nadie como el sagaz Julian, expuso las corruptelas del poder, los recovecos en los que los poderosos cometían crímenes de todo tipo y salían indemnes, gracias más que todo al silencio de los medios que se venden como “independientes”.

Exponiendo su integridad, la de su familia, dejando de lado todo por dar a conocer la verdad, hoy es tomado cautivo por sus verdugos, gracias a la miserable y profundamente aborrecible actitud del gobierno de Ecuador. Paradójicamente, el incidente de hoy es aplaudido por la misma gente que suele habitualmente quejarse de la falta de libertad de expresión. Al más grande paladín de la libre expresión y la noticia como instrumento de control del poder, los que reclaman para sí ese título, lejos de solidarizarse, se congratulan.

Si periodismo es fiscalizar al poder, ponerlo contra las cuerdas, exponerlo; no hay nadie que lo haya hecho como Julian Assange, aunque diga lo contrario el perruño periodista de turno de la TV, el repetidor de insensateces que escribe en el periódico o el profundamente ignorante opinólogo que gusta balbucear su desconocimiento en redes.

Assange, que no te quepa duda, lector, lectora, es uno de los más grandes héroes de nuestro tiempo.

Nota: Este post fue publicado originalmente en mi cuenta de Facebook, el 11 de abril de 2019. Al momento de transcribirlo aquí, había sido compartido 891 veces.

lunes, 30 de abril de 2018

Cuando la guerra está lejos...

Captura de la publicación de Mariya
Cuando conocí a Mariya, una joven afgana, me impresionó sobremanera su poliglotismo (escribe y habla persa, ruso, inglés y algún otro idioma, más un dialecto regional que no recuerdo) y su empatía, inteligencia y educación (tiene un título de cuarto nivel). Ella, que es una persona como todas, con sueños, anhelos y miedos; con fervor por su país y su pueblo; hoy –como tantas otras veces- demuestra hartazgo, está muy triste y rezuma rabia. Una bomba explotó en Kabul y mientras los equipos de emergencia y periodistas llegaban para hacer cobertura, otra explotó, matándolos a todos: 

“Aquí en Afganistán no vivimos, solo sobrevivimos… siempre hay bombas explotando y todos los días, en cada esquina de mi tierra, gente muere. ¿Por qué? ¿Por qué EE UU y la OTAN nos matan así? … ¿Qué hacen (ellos) aquí? ¿Qué le han hecho a Afganistán?” 

Describí algunas de las características académicas de Mariya para evitar erróneamente pensar que se trata de alguna extremista, alguna fanática; nada más lejos de eso, es una persona muy educada (y en el sentido occidental de la palabra) que solo quiere vivir en paz en su país, con su gente. 

Es fácil aclamar la guerra, aplaudir el belicismo, pedir bombas; cuando no se está en la piel del que sufre, no se está en los zapatos de quien ve la guerra y el dolor todos los días. 

Estas palabras no harán ninguna diferencia; reflexionar sobre el flaco favor que le hacemos a la paz cuando glorificamos la opresión, la guerra y por ende a la muerte, probablemente sí.   

“Solo le pido a Dios 
Que el dolor no me sea indiferente “
León Gieco



Nota: Publiqué esto originalmente en Facebook, pero parece que genera escozor en los HQ de esa empresa el ver juntas las palabras OTAN, EE UU, guerra, opresión, dolor, muerte... y peor aún, el hecho de que mi amiga es de nacionalidad afgana. El post fue censurado, sin notificármelo. 
Foto de varios de los periodistas que murieron durante el atentado, 30 de abril de 2018. Paz en sus tumbas.