Cuando conocí a Mariya, una joven afgana, me impresionó sobremanera su poliglotismo (escribe y habla persa, ruso, inglés y algún otro idioma, más un dialecto regional que no recuerdo) y su empatía, inteligencia y educación (tiene un título de cuarto nivel). Ella, que es una persona como todas, con sueños, anhelos y miedos; con fervor por su país y su pueblo; hoy –como tantas otras veces- demuestra hartazgo, está muy triste y rezuma rabia. Una bomba explotó en Kabul y mientras los equipos de emergencia y periodistas llegaban para hacer cobertura, otra explotó, matándolos a todos:
“Aquí en Afganistán no vivimos, solo sobrevivimos… siempre hay bombas explotando y todos los días, en cada esquina de mi tierra, gente muere. ¿Por qué? ¿Por qué EE UU y la OTAN nos matan así? … ¿Qué hacen (ellos) aquí? ¿Qué le han hecho a Afganistán?”
Describí algunas de las características académicas de Mariya para evitar erróneamente pensar que se trata de alguna extremista, alguna fanática; nada más lejos de eso, es una persona muy educada (y en el sentido occidental de la palabra) que solo quiere vivir en paz en su país, con su gente.
Es fácil aclamar la guerra, aplaudir el belicismo, pedir bombas; cuando no se está en la piel del que sufre, no se está en los zapatos de quien ve la guerra y el dolor todos los días.
Estas palabras no harán ninguna diferencia; reflexionar sobre el flaco favor que le hacemos a la paz cuando glorificamos la opresión, la guerra y por ende a la muerte, probablemente sí.
“Solo le pido a Dios Que el dolor no me sea indiferente “ León Gieco Nota: Publiqué esto originalmente en Facebook, pero parece que genera escozor en los HQ de esa empresa el ver juntas las palabras OTAN, EE UU, guerra, opresión, dolor, muerte... y peor aún, el hecho de que mi amiga es de nacionalidad afgana. El post fue censurado, sin notificármelo.
Foto de varios de los periodistas que murieron durante el atentado, 30 de abril de 2018. Paz en sus tumbas.
“Vi un mundo nuevo que se
avecinaba velozmente. Más científico, más eficiente. Sí (…) Pero más duro. Más cruel.
Y veía a una niña, con los ojos muy cerrados, que apretaba contra su pecho el
viejo mundo amable, el suyo, un mundo que ella, en el fondo de su corazón,
sabía que no podía durar y lo estrechaba con fuerza y le rogaba que nunca,
nunca la abandonara. (…) No te vi realmente a ti, ni lo que estabas haciendo. Pero
te vi y se me rompió el corazón. Y jamás lo he olvidado”.
Decidí leer a Kazuo Ishiguro
(Nagasaki, 1954) por la novelería generada a partir de la concesión que la
Academia sueca le hizo del Nobel de Literatura. Con las bondades que de su obra
señalaban algunos portales y blogs literarios, me di a la tarea de buscarla y
escogí –porque a priori resultaba
acorde a mi melomanía, el título- “Nunca me abandones (Never let me go)”, en la
traducción de Jesús Zulaika.
Lo que primero llama la atención
es que la novela fue nominada al premio Arthur C. Clarke en el 2006. Digo que
llama la atención porque si bien al abrirse camino en el relato uno caerá en
cuenta de que está ambientada en un mundo distópico, es poco probable que el
lector medio incluya al relato en la categoría de ciencia ficción (que es la
categoría a la que está dedicada el antedicho premio), ya que, de hecho; el
autor británico (vivió en Inglaterra desde los seis años de edad y se
nacionalizó en 1982) no pierde el tiempo dando nociones científicas que
sustenten el mundo en que se desarrolla la novela (que tampoco es un dechado de
parafernalia), sino que va directo a los sentimientos, los que muestra con
maestría y desbroza con maestría psicológica al mostrar la ingenuidad, rabia e
incertidumbre de los personajes, mientras van dejando atrás la inocencia –que es
ingenuidad también- de la adolescencia.
La novela trata sobre
esencialmente, dos chicas (Ruth y Kath) y un chico (Tommy) de Hailsham House,
una escuela (¿o reclusorio provisional?) y su progresivo entendimiento del
mundo que los rodea y del destino que les espera (del que no pueden zafarse). Está
narrada por Kath, quien ya tiene 31 años al momento de empezar a contar sus
memorias y, pese a que hábilmente Ishiguro pone a criterio del lector si creer
o no a la story teller por la profusa
–díriase barroca- exposición de diálogos, que lleva a la protagonista a
reconsideraciones de su punto de vista original, como en ciertos pasajes de Преступле́ние
и наказа́y ние (Crimen y Castigo) haría el genio de Dostoievski en el inolvidable
personaje de Raskolnikov y, a eventuales advertencias sobre lo que iba a
suceder en base a ciertos hechos; como cuando Kathy es encontrada de niña
abrazada a una almohada mientras se bamboleaba lentamente al compás de “Never
Let Me Go”, la canción de Judy Bridgewater [1]
y provoca lágrimas en Madame (una de las “tutoras” de Hailsham) no solo por lo
tierno del cuadro sino por lo imposible (ninguno de los alumnos de Hailsham
podrá tener lo que llamaríamos “una vida normal”) de que suceda; es probable
que se dé el testimonio de ella por válido y honesto. Kathy va a abrir su alma
de par en par, como las puertas de las Cottages (lugar al que son destinados
los alumnos una vez alcanzan cierta edad) cuando salen los veteranos de paseo.
Pero a todo esto… ¿sobre qué
mismo trata la novela? La novela es acerca de la levedad (en el concepto de
Milan Kundera), de la finitud de la existencia, de la desesperanza, de la
traición a los propios sentimientos, de la imposibilidad de realizar algo que
se desea con todas las fuerzas, como en este pasaje de la página 411 en que
Tommy se dirige a Kat: “No hago más que pensar en ese río de no sé qué
parte, con unas aguas muy rápidas. Y en esas dos personas que están en medio
de ellas, tratando de agarrarse mutuamente, aferrándose con todas sus fuerzas
el uno al otro, hasta que al final ya no pueden aguantar más. La corriente es
demasiado fuerte. Tienen que soltarse, y se separan, y se los lleva el agua.
Pienso que eso es lo que pasa con nosotros. Qué pena, Kath, porque nos hemos
amado siempre. Pero al final no podemos quedarnos juntos.”. Suscribo totalmente
lo que dice el reseñador Trevor, en goodreads[2],
“no hay nada fácil en la lectura de esta novela, aunque esté escrita en la más
simple de las prosas, tiene una honestidad de sentimientos que te marca el
alma”.
El crítico literario de The Guardian, M. John
Harrison[3],
opina que la novela trata sobre la “continua pérdida de la esperanza”,
agregando que es también sobre el reprimir lo que se sabe y sobre el hecho de
que mientras se sabe que se debe mantener la calma, mantener la calma no va a
cambiar nada. Porque también, Ishiguro nos hace sentir hasta cierto modo
culpables de no haber hecho las cosas “a tiempo”, cuando el sino de la
fatalidad (significada por cada vuelta del calendario) se empieza a cernir
inexorablemente sobre nosotros. A Kath le parece que Tommy piensa: “Sí, estamos
haciendo esto ahora y estoy contento de hacerlo. Pero qué lástima que lo
estemos haciendo tan tarde”. Y continúa, páginas después, sumida en sus
meditaciones: “lo estábamos haciendo demasiado tarde. Había habido un tiempo
para ello, pero lo habíamos dejado pasar…”.Y es que esta novela expone con
habilidad el significado de Saudade[4]. Y
pinta, con maestría poética, este sentimiento: “Lo dije en voz muy baja, porque
no creía que pudiera oír mis palabras aunque se las dijera a voz en grito. Pero
tenía la esperanza de que, si nuestras miradas seguían unidas durante unos
cuantos segundos, ella sabría leer mi expresión como yo había sabido leer la
suya. Luego el momento pasó, y ella volvió a su lejanía. Nunca podré saberlo
con certeza, pero creo que me entendió”.
Al culminar la lectura, con la congoja que me produjo el final; recordé que los chicos de Hailsham no se entristecían demasiado cuando perdían algo, porque sabían que cualquier cosa que se perdiese, podía ser encontrada de nuevo en Norfolk, lugar a donde iba a parar todo lo que se extraviase. La pluma
de Ishiguro me recordó que he perdido muchas cosas. Y que no conozco la ruta a Norfolk.
Foto del Mar Negro, tomada desde Adler, en las cercanías del parque olímpico de Sochi.
En todo caso, debe recordarse que Ishiguro es escritor
de letras de canciones, estudió piano en su niñez y ha declarado que la música
le ha ayudado a superar a veces el síndrome de la página en blanco; así mismo,
defendió la entrega del Nobel a Bob Dylan y ha abogado por la “expansión” de
las fronteras de la Literatura (¿se imaginan el Nobel para Vince Gilligan por
Breaking Bad, para Miyamoto por Super Mario Bros o para Benioff, Weiss y George
R.R Martin por ese “producto total” que es GOT?), algo que, aunque tibiamente,
parecería que la Academia ha empezado a hacer.
[4] Según Wikipedia,
Saudade es: “es un vocablo de difícil definición incorporado al español
empleado en portugués y en gallego, que expresa un sentimiento afectivo
primario, próximo a la melancolía, estimulado por la distancia temporal o
espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia”.
Mi primer encuentro con “lo ruso”, seguramente fue la lectura de algún pasaje de Miguel Strogoff (de la portentosa imaginación de Julito Verne) o el ser derrotado por el CPU en Tetris (el legendario juego de video desarrollado por Alexander Pajitnov). Un poquito después, escuché la genial “Back to the USSR (Beatles, The) y además, caí en cuenta de algo loquísimo: que cuando se terminaba - es decir, se derrotaba a Bison- el Street Fighter II con Zangief, este bailaba polka con... no se creerá: ¡Gorbachov! Posteriormente vendrían los devaneos psicológicos de personajes creados por gente como Gogol o Dostoievsky y la lectura de Chéjov y Gorky y, previo al bachillerato, leer con fruición cada cosa relativa al intercambio de hostilidades no bélicas entre la hoz y el martillo y las barras y estrellas en lo que se llamó “Guerra fría”.
Ahora, con ocasión del #WFYS Sochi 2017, puedo poner pie en el país de mayor extensión territorial del mundo y cuyo pueblo ha sido protagonista de varios de los hechos más relevantes del siglo XX: victoria Bolchevique, de país feudal a superpotencia en (creo que) 20 años, Stalingrado, Sputnik, la perrita Laika en el cielo, epopeya de Yuri Gagarin y, estación espacial internacional MIR.
Este álbum constituye mi mirada durante la visita a Moscú, Sochi y Krasnodar. La tradicional majestuosidad del Kremlin, la Duma y la Plaza Roja; la multitud de parques que, recorridos en otoño hacen las delicias del melómano que vive en mí (locaciones perfectas como para canciones de Radiohead) y lo imponente del centro financiero moscovita así como la gigantesca capacidad industrial llevan al asombro.
¿Frío? Sí, bastante.
¿Experiencia?Total, absolutamente digna de ser vivida.
“Desde Rusia con amor (lo sé, titular una visita al epicentro de Eurasia con el título de una novela de Ian Fleming es demasiado occidental, pero... ¿cómo le hago para evitarlo?
(post de Facebook relativo a mi visita a Rusia, octubre 2017
había muchos jardines y muchas rosas que lo necesitaban, por lo que no podía
quedarse.
Jochito se puso triste,
pero el colibrí le hizo una promesa: volvería siempre a visitarlo, si Jochito
seguía cuidando el rosal y seguía teniendo un buen corazón.
Ahora, varios colibríes visitan
el jardín de Jochito.
Los colibríes
siempre van a donde hay rosas y personas con buen
corazón y que gustan de los libros.
Fin
Nota: Escribí (o intenté escribir) este cuento en octubre de 2014 para Naín, una hermosa niña argentina de unos cinco años entonces y quien estaba aprendiendo a leer. La madre, Maimará Chávez Abate (de El Bolsón), hacía coplas, escribía y tocaba guitarra mientras viajaba y la conocí por medio de Couchsurfing. Yo había tenido la oportunidad de tener un colibrí entre manos mientras vivía en Lomas de Urdesa, una privilegiada ubicación de Guayaquil en una casa muy grande y muy hermosa. En el sitio habían muchas plantas y la "lluvia de fuego" parecía ser uno de los platos predilectos de los también llamados "chupaflor", puesto que siempre rondaban mi jardín. El cuento surgió por una remembranza que tuve de la película Life Of Pi, el poema visual de Ang Lee, puesto que mi buen colibrí tampoco dijo adiós, ni gracias, cuando lo liberé (estuvo unos 15 minutos en mis manos). A excepción de las fotografías que se indica de donde fueron tomadas; las otras fueron capturadas con una cámara Samsung de bolsillo en mi entonces hogar, las del colibrí en mi mano fueron tomadas por Daniel Contreras Moscol. Naín me dejó este papel:
Los años de escuela no fueron los mejores de mi vida, por el contrario; eran un lugar raro, no pocas veces hostil. Una de las personas que hizo que mi estancia en primaria fuera más acogedora; fue el Lic. Ricardo Valdiviezo, mi profesor durante 5 años: el que jugaba pelota con los alumnos, el que comía ensalada de frutas, el que se llevaba tan bien con mi abuelita (+), el que me molestaba cuando el equipo por el que el hinchaba, ganaba al mío -pero que no permitía que mis compañeros hagan tanta mofa de mi-, el que no vaciló jamás en decirme -al verme años después- :"Jorge, yo estoy presto a ayudarte cuando lo requieras". El profesor Valdiviezo, mi profesor; se ha ido esta madrugada, no a su natal Machala, sino a un lugar del que sé muy poco (y entre otras cosas: sé que de ahí no se vuelve). Profesor, gracias por su cariño, por los pancitos, por las palabras de aliento y por lo que nos enseñó; yo, desde el fondo de mi corazón y con lágrimas anegándome los ojos; le deseo un buen viaje. ¡Adiós Profe! :'(
Foto del río Ventanas o río Sibimbe, tomada desde el puente de mi pueblo
(Nota que publiqué en mi perfil de Facebook el 15 de agosto de 2013, con ocasión del fallecimiento de mi profesor de escuela)
Cristopher Nolan vuelve a la carga con Dunkerque (Dunkirk)
Trailer oficial de Dunkerque
En lo que viene siendo habitual en el director nacido en Westminster y residente en Los Ángeles, Dunkerque ofrece más que una narración, una experiencia sensorial (recordemos, sino, la fantástica puesta en escena de Interstellar). El sonido del papel cayendo en las primeras escenas, el de la respiración del agitado soldado representado por Fionn Whitehead, el de las balas, el del planeo de los hermosos spitfire (magistral el sonido de los motores Rolls Royce Merlin que impulsaban a los preciosos monoplazas, íconos de la RAF en la II Guerra Mundial), aunado a tomas imponentes y hermosas del firmamento y del hermoso azul del mar durante las batallas aéreas hechas en gran formato (65 mm) algo que, per se también constituye hoy una rareza, con el auge del rodaje en digital y sumado al intimismo de las escenas en las que, reitero, más que narrar; el director inglés nos invita a sentir el terror de los soldados por la inminente llegada del enemigo (enemigo que tampoco se dice jamás quien es, dándose por descontado que es la Alemania nazi), la convicción patriótica del propietario de un pequeño yate que, junto a su hijo y un amigo de éste, surca el Canal de la Mancha (English Channel, por si algún inglés lee este blog) para ayudar a los soldados británicos, franceses y belgas que diezmados y perseguidos por el enemigo, están en las playas de Dunkerque esperando buques que los lleven a Gran Bretaña, mientras el recién ascendido Churchill empieza a preparar la defensa de Inglaterra; así como también las sensaciones, ora de terror, ora de emoción y victoria, de tres pilotos de la RAF en sus escaramuzas contra los cazas enemigos (léase, la Luftwaffe). Todo esto, con el acompañamiento adecuado de la banda sonora que para esta ocasión, cocinó el gran Hans Zimmer.
Banda sonora de la película
En el aire, en la tierra o en el mar, la película nos lleva por los recovecos del temor humano, de la desesperanza absoluta, pero también de la fe en el otro, sin importar quien sea, como cuando el chico representado por Barry Keoghan salva al "extraño" que encuentran parado en su avión -que hacía las veces de atolón- en su travesía hacia el continente o como cuando "Tommy", pide de favor que no obliguen a salir -lo que implicaría la muerte- a un desconocido francés que se hacía pasar como inglés para salvar la vida. Nolan (y esto no es un anacronismo, pero tampoco lo usual en él, baste recordar los guiños a regímenes dictatoriales y autoritarios que se representan en The Dark Knight Rises o, en la misma película, la discusión sobre el dinero que tienen un simple policía de la calle y un acaudalado banquero de Wall Street), no presenta Dunkerque para hablarnos de Politics, solo se oye la mención a Churchill y se da apenas un par de minutos a la discusión y votación en el Parlamento que ocupó los titulares de los tabloides británicos apenas culminada la Operación Dínamo. La cinta (es dable llamarla así, por el ya referido hecho de que sí se usó celuloide para filmarla) muestra inquietud, temor, horror, dolor, muerte, resignación, tristeza, alivio, esperanza, a través de la habilísima exposición de tres historias. Lo que vemos, oímos, sentimos es el drama humano de la guerra, a través de los ojos de jóvenes soldados, hay incluso una línea genial en la que el propietario del yate, representado por Mark Rylance, dice algo así como: "no deberíamos los viejos solo mandar a nuestros hijos a la guerra sino nosotros también ir"; de personas que tal vez no querían estar ahí y se muestran humanos, frágiles, débiles, ante el rugir de las nuevas máquinas de matar que la II Guerra Mundial puso en el escaparate: submarinos, cazas aéreos con bastante autonomía, fusiles de asalto cada vez más eficientes, etc. Ante tal bagaje bélico, Nolan nos muestra al ser humano. El hombre y la guerra, el hombre con miedo de ella. Podrían posiblemente establecerse ciertos paralelos entre este largometraje y la memorable The Thin Red Line (Terrence Malick, 1998). Aún en el fragor de la batalla, en lo intimidatorio que resulta ver tantos cadáveres, se nos ofrecen muestras de la más excelsa calidad cinematográfica. Hay tomas en las que parece que de verdad el agua inundará nuestras butacas de cine y hay tal estrépito en algunas explosiones provocadas por las bombas, que probablemente tengamos más de un sobresalto. Por otro lado, el director de The Dark Knight es probablemente la autoridad mundial en materia de flashbacks y recursos narrativo-fílmicos no lineales (¿vieron Memento?), lo que puede resultar mareante para el espectador no iniciado en Nolan o para quien solo gusta de blockbusters. Sobre este punto, confieso que frecuentemente comento a mis amigos/as (permítaseme el abultamiento gráfico por esta ocasión) que lo que más me gusta de las películas de Cristopher Nolan es que él demuestra, de algún modo, respeto por el espectador que paga la entrada al cine. ¿Cómo? Con buen cine, con atención por los detalles, con trabajo, con calidad. Es un artista que te "vende" su trabajo, pero ofreciéndote con respeto su producto, porque sabe que haces un egreso para adquirirlo. Al espectar Dunkerque, tú sabes que quienes la produjeron te consideran del talante intelectual suficiente para no perder el hilo de la película.
Dunkerque es la película del año, es un poema épico, intimista, melancólico, con hermosos insights visuales y actuaciones tan naturales, que uno pensaría que está viendo un documental. Cuando el personaje que representa Tom Hardy quema el avión en el que luchó durante toda la película, uno sabe que el fin está cerca, pero sabemos que el personaje afronta ese aciago destino (es aprehendido por fuerzas enemigas) con cierta satisfacción, por haber cumplido el trabajo que se le dispuso (le entregó la carta a García, se diría por ahí) y, si como dijo alguna vez Wilde: "lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo": del piloto tenemos la certeza de que vivió.
Gloria Fuertes afirma que “Todo asusta”, en un poema
homónimo a la aseveración. De su pluma, caemos en cuenta que “Asusta que la flor se pase pronto”,
referencia que posiblemente tiene mucho que ver con aquellas flores cuya
belleza no podemos apreciar, porque son efímeras, como el rocío que las
impregna después de una noche de lluvia, como los atardeceres,
como los amaneceres, como la vida misma.
La poeta asegura que “Asusta querer mucho y que te quieran”.
¿A qué se refiere con eso? Tiene que ver –seguramente- con la insondable
sensación de vacío que se siente cuando se quiere sin más, cuando se quiere sin
haberlo previsto, cuando se adora a alguien que no estaba en el guión, de quien
no se esperó nunca nada más que un momento, que un par de horas, que no estaba
en el “plan” que llegue y… esté, que diga “presente”, que sea cotidiana,
espontánea, como el arcoíris después de que ha llovido y hace sol.
“Asusta ver a un niño cara de hombre,
asusta que la noche…
que se tiemble por nada,
que se ría por nada asusta mucho.”
¿Hay miedo en el querer? ¿Hay resquemor alguno en un hecho
que más bien da sensación de alivio, de satisfacción? ¿No es injusto calificar
con la conjugación verbal de “susto”, a un sentimiento primigenio, diáfano, que
surge espontáneo?
“Asusta que la paz por los jardines
asome sus orejas de colores,
asusta porque es mayo y es buen tiempo,
asusta por si pasas sobre todo,
asusta lo completo, lo posible,
la demasiada luz, la cobardía,
la gente que se casa, la tormenta.
los aires que se forman y la lluvia.”
Si alguien que se quiere cumple
años en mayo, es posible que se sienta miedo, pero… ¿por qué? ¿No era menester
dejar el pasado atrás? ¿Es acaso imposible dejar de lado los pretéritos? ¿Se
justifica este temor? No se vale responder con argumentos cortazarianos. ¿Debe
asustar el que alguien represente plenitud? ¿Debe causar temor el que alguien
infunda luz en demasía? Muy probable dé un poco de miedo saber que se avecine
la tempestad, que el trueno y su hórrido fragor, congestione el cielo. La
lluvia en cambio, solo da miedo porque puede provocar exceso de “saudade”,
intoxicación de meditabundez y taciturnismo.
“Los ruidos que en la noche nadie hace
–la silla vacía siempre cruje–,
asusta la maldad y la alegría,
el dolor, la serpiente, el mar, el libro,
asusta ser feliz, asusta el fuego,
sobrecoge la paz, se teme algo,
asusta todo trigo, todo pobre,
lo mejor no sentarse en una silla”.
He escrito este post oyendo el precioso "Our Endless Numbered Days" de Iron & Wine
¿Da miedo ser feliz? ¿Por qué? ¿Por qué no se puede tomar
con calma, como algo normal, el hecho de tener regocijo, de tener confort, de
tener paz? ¿Por qué el temor a la calma? ¿Por qué la sempiterna desconfianza?
El poema “Todo asusta”, que se encuentra entrecomillado en este
post, a manera de líneas directrices de cada párrafo, es de la autoría de la española Gloria Fuertes, está incluido en “Poemas del suburbio” y llegó a mi conocimiento por un post del sitio “El Asombrario (http://elasombrario.com/)", al que
recomiendo fervientemente seguir. El libro es de la editorial Torremozas, con
ISBN 978-84-7839-315-2. El poema, que leí a Sheyla Mendoza mientras oíamos a Snow Patrol, con repetición de You Could Be Happy incluida y discurríamos sobre algunas de las preguntas que hago en esta publicación, me ha servido para
hacerle honor a la presentación de este blog, donde aseguro que –como en efecto
hago- no doy respuestas, sino que hago preguntas.
Lindo clip de "You Could Be Happy", con subtítulos en inglés y español, de la banda liderada por Gary Lightbody, la injustamente ahora poco valorada Snow Patrol
“Es importante que los
jóvenes participemos en política porque tenemos lucidez e ideas innovadoras,
además de que queremos un cambio integral de la sociedad, tenemos el
conocimiento necesario y la voluntad nítida para servir a los demás” Maiholy
Medina Zúñiga, 20 años, estudiante.
Los maravillosos y
terribles años 60 han dejado eco de una de las más grandes explosiones de
fervor juvenil que la historia recuerde. Impulsados por la fuerza de una nueva
música que provenía de las entrañas del Mississippi y, allende el Atlántico por
adolescentes británicos que crearon himnos de universal resonancia; jóvenes de
todo el mundo hicieron sentir su voz de protesta contra las cosas que pensaron
que estaban mal. Los dogmas eran cuestionados. El statu quo tomó nota del fenómeno juvenil y de su fuerza: los jóvenes opinaban sobre
política y las propuestas que hacían eran diferentes a las tradicionales, todo
auguraba un cambio de época, un mundo en el que la paz y la igualdad eran
posibles. En América Latina y específicamente en Ecuador, movimientos juveniles
de izquierda ocupaban la primera línea de ataque contra un estado envejecido e
inoperante. La magnitud de la participación de los jóvenes en temas políticos
motivó entonces un –aunque inconcluso e insuficiente- cambio de agenda.
En las décadas
subsiguientes, la fuerza –y a veces, rabia- de los movimientos juveniles sesenteros se disipó paulatinamente
y los temas de “cambio” no ocuparon los principales lugares de los cuadernos políticos.
Las personas encargadas de dirigir los destinos de las naciones de América –con
contadas excepciones- seguían siendo personas cuyos cabellos (y generalmente
sus ideas) denotaban el paso de los años.
Adentrados en la segunda
década del siglo XXI; en el contexto de una “ola de cambio” –como llaman los
partidarios- o un “regreso a algo que jamás funcionó” –como señalan los
detractores- en América Latina, es evidente que hay un incremento de la
participación de jóvenes en política, no solamente desde la trinchera
ideológica, desde el manifiesto anónimo, desde la barricada, sino también
formalmente: optando, participando y obteniendo cargos a través del voto
democrático. En Ecuador, el actual Presidente obtuvo la primera magistratura a
la edad de 43 años (actualmente 50). La actual Presidenta de la Asamblea
Nacional (Congreso) cuenta con 29 años. Lo que distingue la actual participación
de gente joven en política, con éxito o fracaso (según el cristal con que se
mire) de vergonzantes participaciones de jóvenes en el pasado (Fernando Collor
de Mello, Brazil 1992) es la cohesión entre la crítica al sistema –sin que
implique desmantelamiento-, el acogimiento de valores indígenas como filosofía
de vida (Ama Sua= No robar, Ama Llulla= No mentir, Ama Quella= No ser ocioso) y la pasión
por lo autóctono.
Adicionalmente, en
Ecuador; los jóvenes de hoy participan en política porque tienen a disposición
espacios de comunicación de los que adolecían los jóvenes del pasado. En este acápite
juegan un papel muy importante no sólo la implementación de ciertas políticas
estatales que fomentan la articulación de redes juveniles ciudadanas, sino
también el advenimiento de las TIC’s.
A través de distintas
redes sociales, los jóvenes ecuatorianos se muestran activos expresando apoyo o
desacuerdo con los actores políticos, proponiendo, consensuando o criticando el
manejo de asuntos antes reservados exclusivamente al Gobierno, esferas cercanas
a éste y algunos círculos periodísticos. Ejemplo: campaña en redes sociales a
favor y en contra de la explotación del Yasuní ITT.
Fotografía proporcionada de grupo político juvenil ecuatoriano
Esta participación
adquiere cada vez mayor importancia en un país como Ecuador donde más de la
mitad de la población tiene entre 0 y 29 años y el analfabetismo digital acusa
un pronunciado y paulatino descenso. Es justamente la reducción de la brecha
entre las personas que tienen acceso a internet y las que no, lo que está
haciendo que cada vez más jóvenes se involucren en política, propiciando foros
donde se pone de manifiesto la interculturalidad y la divergencia de opiniones.
Las aristas señaladas, asi
como otras que la escasa visión del que escribe este artículo impiden exponer;
hacen del quehacer político una asignatura emocionante, puesto que pone a
prueba el temple, la tolerancia y la sagacidad de los jóvenes de las distintas
etnias (originarias o no) que conforman la sociedad ecuatoriana.
Creemos que no exageramos
si afirmamos sin temor a equivocarnos que, en un mundo de cambiantes
paradigmas, los jóvenes de hoy, que han sido capaces de asimilar cambios tan
drásticos como el surgimiento y hundimiento de MySpace o de Hi5 y asumir sin
problemas el manejo de Facebook o Twitter, están en plena capacidad de lidiar
con problemas tan complejos –y cambiantes o desconocidos- como los que se
presentan en este albor de milenio. La clase política sabe que una nueva
generación toca a la puerta, ya no para solicitar prebendas u obtener
“conquistas”; esta nueva generación toca la puerta para entrar…y quedarse
adentro.
♪ Vamos, senadores y congresistas
Escuchen la llamada
No se queden en la puerta
No bloqueen el paso
Porque aquel que salga herido
Será el que se haya quedado atrás
Fuera hay una batalla
Y es brutal
Pronto sacudirá sus ventanas
Y hará temblar sus paredes
Porque los tiempos están cambiando♪
Juan Carlos Alarcón me pidió, en febrero de 2014, que haga el discurso de bodas, en razón de su vinculo con Silvia Patricia Sacoto. En principio le confié a Juank mi convicción de que en la lista de amigos que compartíamos había gente mucho mejor preparada para tal acto. Juank no confió en mis sugerencias y me pidió que lo haga. Noche memorable en la capital de Manabí. Aquí, las palabras:
Postal de la boda: de izq a der: Juank, Silvi y este servidor, con corbata rosa.
"Damas
y caballeros, me honra muchísimo estar frente a uds y con ocasión de esta tan
especial celebración. San Gregorio de Portoviejo alberga en esta noche a una
variopinta y nutrida concurrencia; proveniente de varios rincones de la patria.
Personas que tienen/tenemos un punto en común: el gran aprecio que sentimos ya
por Juan Carlos Alarcón Ruíz, ya por Silvia Patricia Sacoto Zambrano.
Juan
Carlos Alarcón Ruíz es uno de mis mejores amigos y desde que lo conocí
representó esa mixtura perfecta entre la pasión por los deportes y las emociones y
vivencias extremas, así como a la vez con el tipo sensible y recatado que disfruta de los
placeres intelectuales. Silvia Patricia Sacoto Zambrano es la fiel encarnación
de la profesional con capacidad y con visión de futuro que nuestra sociedad
requiere y necesita urgentemente para ofrecer mejores días a la patria.
Es
así que, ofrecer este brindis en honor de dos personas que han decidido, a
través del amor compartir su vida entera, es un detalle que merece ser reseñado
y resaltado por el halo de encanto y fantasía que conlleva implícito: se trata
–y dejemos en este momento a un lado conceptos rebuscados, intentos estériles
de definición y diatribas inconsecuentes con el cálido momento que estamos
viviendo…¿qué podemos decir sobre el amor?
Podríamos
decir que el amor desde un punto de vista filosófico es una virtud, desde un
punto de vista científico, podríamos llamarlo la evolución del instinto; pero
si lo ponemos en términos de uso común; podemos decir que se trata del compartir
juntos, el anhelar acompañarse el uno al otro; el hecho de querer estar juntos
porque a su lado todo será alegría, la ansiedad por terminar la jornada laboral
para volver a verse, las ganas de partir por rutas desconocidas donde la
brújula sea la emoción de estar juntos y el norte magnético señalado por este
dispositivo, el amor, el hecho de querer estar juntos porque sabes que a su
lado todo será alegría.
Juan
Carlos, Silvia Patricia; a ambos les gusta viajar y de este modo conocer nuevos
paisajes, vivir nuevos lugares. En este viaje que ahora emprenden, no me queda
otra cosa que hacerles saber que hay rutas y lugares donde no encontrarán más
que gozo, paz y alegría; habrán días soleados, con fresca brisa y llenos de
exuberancia; pero también habrán días donde la borrasca, amenazando incluso con
tempestad, nuble la vista, empañe la visión. Pero todos los que estamos
presentes, ante esta demostración de sentimiento que ustedes dos nos ofrecen;
sabemos y confiamos totalmente que el amor será su guía, que el amor les
mostrará el camino.
Snap agregado a mi historia en honor de Juank y Silvi
Yo
no podría terminar estas palabras sin referirme y sé que Juan Carlos y Silvia
Patricia y ustedes también distinguida concurrencia, sabrán perdonarme, pero es
que no puedo evitar sentirme en casa al ver a tantos de mis amigos y amigas y
disfrutar de la legendaria hospitalidad de la ciudad de los Reales Tamarindos.
Los
que me conocen, saben de mis coqueteos con el agnosticismo, de mi incorregible
escepticismo y de lo crítico libre-pensador que suelo ser; pero gracias a ustedes, Juan Carlos y Silvia
Patricia; gracias al amor que se demuestran: he empezado a creer en el amor, confío
en el amor, en el triunfo del amor y en las medias naranjas y en los besos de
eternidad. Que sean felices; que el amor que se prodigan dure para siempre".